Hubo un momento de la tarde-noche del martes 10 de marzo en que el calorcito de final del verano se mezcló con el ruido de los motores y acordes de blues y rock que retumbaron hasta la avenida Juan B. Justo. La Plaza Roque Sáenz Peña, esa que los vecinos bautizaron como "la de Pappo", se vistió de fiesta.
"Pappo no murió, Pappo no murió", se escuchaba desde un público enardecido que, con emoción y con un vaso de cerveza al aire, convocaba al más grande. Y sí, Pappo no murió. Ahora está vivo y coleando en cada acorde que sonó sobre el escenario montado en Andrés Lamas y Remedios de Escalada de San Martín, y en cada foto que los vecinos se sacaron junto a la escultura que lleva su imagen.
La cita era por el 76° aniversario del nacimiento de Norberto Napolitano, y la convocatoria, como desde hace 18 años, fue impecable. Organizada por Liliana Napolitano y La Patota del Blues, la movida fue un verdadero monumento a la autogestión: 38 bandas tocaron de manera gratuita, sin cobrar un peso, al igual que toda la organización. "Vení a la plaza de Pappo a disfrutar de las mejores bandas de rock y gratis", invitaban los organizadores y amigos del Carpo.
El paso de los artistas por el escenario fue un repaso a la historia del rock nacional. Desde las 13 hasta pasada la medianoche, desfilaron nombres de peso que se sumaron al homenaje: Miguel "Botafogo" Villanova, el Pity Fernández (de Las Pastillas del Abuelo), Alejandro Lerner, Daniel Raffo, el "Conejo" Jolivet, Giuseppe Puopolo y Juan Cavalli, entre otros. La conducción, como en las últimas ediciones, estuvo a cargo de Gustavo Lutteral.
En la base de la escultura que mira a los vecinos, una inscripción late como un verso profético del homenajeado: “Cuando no sientas las caricias de mis manos y el calor de mi cuerpo, guitarra… vas a llorar”. Y quizás hubo algún que otro lagrimeo, pero fueron más las sonrisas y los abrazos. Porque el sentimiento general era el de una familia que se reúne.
Pappo no necesita reconocimientos oficiales para ser gigante. Lo saben bien los pibes y los veteranos que lo vieron tocar. El "Carpo" vivirá mientras exista el rock y mientras este rincón de Villa General Mitre se llame, para siempre, la Plaza de Pappo.
"Le he pedido tanto a Dios, que al final oyó mi voz...", cantaban los parlantes mientras caía la noche. Y así fue. En cada banda, en cada moto estacionada, en cada aplauso, Pappo seguía yendo junto a su gente, a la par.