25 de Mayo 2026
LA LIBERTAD NO SE CONQUISTA, SE DEFIENDE”
Juana Azurduy: la heroína “arribeña” que murió el 25 de mayo en la más absoluta pobreza
Escribe: Pedro Santis

 

 

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Mientras la historia oficial recuerda a otros próceres con calles, plazas y monumentos, una teniente coronel nacida en la actual Bolivia combatió con fiereza al ejército realista, perdió a sus cuatro hijos y falleció sin reconocimiento del gobierno de Buenos Aires. Su muerte ocurrió un 25 de mayo de 1862.

Quienes manejaron los destinos de nuestra nación, inclusive desde antes que fuera una nación, se han encargado de contarnos historias que poco tenían que ver con la realidad que estaban viviendo. No es casual: la construcción del relato patrio siempre respondió a conveniencias de época.

Por ejemplo: que Belgrano creó la bandera surgida de los colores del cielo es tan falso como que dicha creación fue encomendada por el gobierno central. Belgrano tomó los colores que forman nuestra bandera de la banda real española y la hizo aún en contra y bajo la amenaza del gobierno de Buenos Aires.

También según las conveniencias, se nos dijo que Artigas no era argentino, sino uruguayo; y –en cambio– eran argentinos: Cornelio Saavedra, Malabia, Charcas, Pedro Ignacio Rivera, Pacheco de Melo, etc. Siendo necesario aclarar que –salvo Don José Gervasio– todos los nombrados nacieron en Potosí, ciudad ubicada en el sur de Bolivia a 3960 metros de altura.

Precisamente, la historia que nos ocupa hoy pertenece a una “arribeña”, como solían nombrarse antiguamente.

Una mujer que eligió la lucha

Nacida en una familia de clase media alta en 1780, Juana Azurduy supo ser vecina de Don Manuel Ascencio Padilla, con quien contrajo matrimonio en 1805. Doña Juana recibió el mote –y el grado– de teniente coronel, y luchó incansablemente al lado de Don Padilla y del fiel Juan Huallparrimachi en lo que hoy se conocen como los montes del sur boliviano.

Huallparrimachi, hijo natural de Francisco de Paula Sanz –a su vez hijo natural del Rey de España– y descendiente directo del Inca Huáscar por línea materna, fue guerrero y poeta que supo callar su amor secreto por Juana Azurduy, quien jamás correspondió siquiera el silencio de su enamorado.

En 1816, cuando contaba con 36 años de vida y ya era madre, llevó a cabo la batalla de “El Villar”, donde con poco más de 230 hombres pudo doblegar a las fuerzas realistas que la triplicaban en hombres y poder de ataque.

A pesar de ser despreciada por los representantes del gobierno central –Balcarce no le permite entrar en batalla en Tiahuanacu y lo mismo hace Belgrano en Vilcapugio–, fue infranqueable para las fuerzas españolas que deseaban llegar desde el Alto Perú hacia Buenos Aires. Así se contabilizan los triunfos sobre Benito López de Tarvita, Vicente Sardina y sobre Joaquín de la Pezuela, como también la defensa de Rondeau en su escapada de Sipe Sipe.

La incipiente nación se fue devorando de a uno a sus seres queridos. Su esposo muere en batalla en 1816. Su segundo fue muerto por la espalda cuando intentó cubrir a Doña Juana. Y sus cuatro pequeños hijos mueren de hambre, humedad y fiebre palúdica en la selva boliviana, mientras se escondían del ejército español.

Un 25 de mayo sin sol, pero con muerte

Como sucedió con Manuel Belgrano y con los pocos que murieron olvidados y en la miseria, Juana Azurduy falleció en la más absoluta pobreza. Solo recibió una pensión que Don Simón Bolívar le envió por dos o tres años. Del gobierno de Buenos Aires, jamás obtuvo reconocimiento alguno.

Su muerte ocurrió un 25 de mayo de 1862. Ese mismo día que el sol venía asomando para la patria, se fue apagando con esta valiente guerrera, fiel esposa, madre ejemplar y buena persona.

Tal vez por haber nacido en la hoy Bolivia –la Nación de Bolívar– no mereció reconocimiento alguno. El mismo reconocimiento que se le ha otorgado a muchos que no lo han merecido y que hoy reciben el homenaje de calles, plazas, lagos y localidades de nuestro país.

Al momento de su nacimiento (1780), el territorio era parte del Alto Perú. Históricamente, es reconocida como una heroína de la independencia boliviana. Por su invaluable labor militar junto al Ejército del Norte y su apoyo a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes, el gobierno argentino le otorgó post mortem el rango de Generala del Ejército Argentino.