Hay postales que son de todos y no son de nadie. Y después está el Obelisco. Ese centinela de 67,5 metros que hace 90 años se ubica en el mismo corazón de Buenos Aires. El que nos junta para gritar un gol, para llorar una pérdida, para pedir justicia o simplemente para encontrarnos después del laburo en la esquina de Corrientes y 9 de Julio. El 23 de mayo cumple nueve décadas y, como no podía ser de otra manera, la ciudad le va a armar una fiesta de aquellas.
La cita es a partir de las 19 horas. Y la consigna es clara: apropiarse de nuevo del centro. Porque si el Obelisco es el emblema y su maestro de seremonia, la avenida Corrientes es su banda de sonido. Por eso, el festejo incluirá una edición extendida de Corrientes 24HS desde Callao hasta Cerrito, con artistas callejeros, propuestas musicales, intervenciones escénicas y los bares, restaurantes y teatros que van a bajar la persiana recién a las 2 de la madrugada.
El plato fuerte va a ser un show de mapping 3D proyectado directamente sobre el monumento. Una puesta audiovisual que no solo va a repasar la historia del Obelisco, sino también esos momentos que nos hicieron quienes somos como porteños y como argentinos. Además habrá música en vivo, performances itinerantes y una movida que promete transformar la Plaza de la República en una verdadera experiencia cultural a cielo abierto.
Pero la celebración arranca antes. El Gobierno de la Ciudad invita a una visita guiada gratuita el mismo 23 de mayo, con inscripción previa. Durará una hora, saldrá desde la Plaza de la República (justo al lado del cartel de BA) y, como si fuera poco, al final de cada grupo se sortearán 4 pares de entradas para subir al Mirador. Sí, al ascensor nuevo que hace unos meses permite llegar a 55 metros de altura en menos de un minuto, sin tener que subir aquellos 206 escalones que solo los valientes (o muy entrenados) se animaban a encarar.
Un poco de historia
Para los que no la saben, el Obelisco se inauguró el 23 de mayo de 1936 para conmemorar el cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires. El arquitecto Alberto Prebisch –el mismo del Teatro Gran Rex– lo diseñó con esa forma simple y honesta, como él mismo decía. Y una empresa alemana lo levantó en un tiempo que hoy parece de ciencia ficción: apenas 31 días.
Pero no todo fue amor a primera vista. Hubo quien quiso tumbarlo por "innecesario" e incluso en 1939 el Concejo Deliberante votó su demolición. Por suerte, el intendente de turno puso el pecho y lo vetó. Y vaya que hizo bien. Porque con los años el Obelisco se fue transformando en ese termómetro emocional que es hoy: festejos mundialistas, marchas históricas, recitales espontáneos y vigilias interminables. Todo pasa alrededor de él.
Cuentan que cada una de sus cuatro caras mira hacia un punto cardinal, como queriendo decir que acá entra todo el que quiera venir. Pluralidad, encuentro y pertenencia. Eso es, al fin y al cabo, lo que representa.
La música que va a sonar
Para los que quieran quedarse hasta tarde (y vale la pena), la programación musical arranca fuerte:
23 h: Por siempre Astor – una orquesta que homenajea a Piazzolla con temas como Adiós Nonino, Balada para un loco y Libertango.
00 h: Joaco Burgos – cantante, compositor y músico argentino con alma de rock nacional y mucha frescura.
01 h: No Name – duelo de DJs y productores que mueven la escena electrónica contemporánea con identidad bien argentina.
Dato importante
El ascensor nuevo es una obra hermosamente complicada: más de 12.200 piezas que entraron por la puerta chiquita del monumento y se ensamblaron desde abajo hacia arriba, sin tocar la estructura original. Hoy, en menos de un minuto, te deja a 55 metros. Después quedan solo 30 escalones en caracol hasta la cúpula. Una vista que vale cada segundo.
A 90 años de aquella inauguración, el Obelisco sigue siendo ese vecino que nunca se va. El que nos mira desde arriba mientras nosotros, abajo, seguimos pasando, corriendo, festejando y encontrándonos. Esta vez, con los bares abiertos, la música en las calles y esa noche porteña que tiene algo mágico y el mundo envidia.
Como dijo Prebisch: "Yo reivindico para mí el derecho de llamarle de un modo más general y genérico: Monumento". Con mayúscula. Porque después de 90 años, ya es de todos.