1 de Julio 2026
CRISTINA DE LA BIBLIOTECA LA PUÑALADA:
“Quiero potenciar la identidad del barrio y evitar que se pierda”
Escribe: Dafne Strobino Niedermaier

 

 

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Cristina Rivero es una vecina de Villa Santa Rita que construyó una biblioteca popular en el patio de su casa que queda en el pasaje Granville, conocido como La Puñalada. Ella es enfermera, psicóloga social, cuida a adultos mayores, también es artesana y flamante abuela de Miranda.

¿Cómo surgió la idea de armar una biblioteca?

La idea surgió durante la pandemia, como las plazas estaban cerradas, la gente usaba el pasaje para traer a los niños. Yo, que estaba aburrida, miraba por las cámaras que tenemos en el pasaje, me entretenía viendo a la gente. Siempre fui de tener libros y más que nada libros para niños, entonces empecé a dejar libros en el cantero, y luego vi que los padres les leían a sus hijos. Después, empecé a dejar libros para adultos, y la gente se re copó. Un día, encontré una pila de libros en mi puerta y decidí hacer algo con ellos.

¿Armaste una biblioteca al paso en el pasaje?
Sí, un día fui a la verdulería y le pedí un cajón de manzanas fuerte. Lo forré con plástico resistente, lo pinté, lo armé y le puse una puertita. Así empecé a poner libros y a prestar. Como tenía tantos libros, todos fueron donaciones, decidí techar y refaccionar el patio de mi casa. Ahora tengo más de 3.000 libros y cinco cajas para clasificar.

¿Recibiste ayuda para organizar la biblioteca?
Sí, al principio conocí una mujer en las manifestaciones por los cortes de luz en Jonte y Nazca, post pandemia. Ella me ofreció ayuda, y con ella pude hacer la mitad del trabajo. Después, vino otra mujer, una docente jubilada, y juntas hicimos una suelta de libros, que llamamos "río de libros", inspiradas en una iniciativa que vi en Toronto, Canadá, para estimular la lectura en la gente.

¿Cómo funciona el "río de libros"?
Lo hicimos en dos o tres oportunidades. Pusimos telas por todos lados, en la plaza y la calle, organizamos los libros por categorías: revistas, libros para niños y libros para adultos. También teníamos hojas recicladas con lápices para que los niños dibujaran y juegos didácticos. Además, pusimos jaulas con frases variadas para que la gente sacara un rollito de papel y reflexionara sobre su significado.

¿Por qué la biblioteca se llama "La Puñalada"?
El pasaje siempre fue conocido como "Pasaje La Puñalada". Cuando era niña, me daba vergüenza. Según mi papá, se lo contó mi abuelo en el pasado, en los bailes de compadritos sobre la avenida Rivadavia algunos bajaban para tomar el tren en Villa del Parque porque no estaba todavía la de Flores, bajaban para ir a tomar el tren, para irse a sus respectivos lugares. En una ocasión, en una casa más allá, una que era como un inquilinato, se trenzaron y uno acuchilló al otro. Esa es la leyenda del barrio. Otra versión es la del cuento de Borges, "Rosendo", donde dos compadritos se acuchillan en Villa Santa Rita, fue adaptado para el pasaje. La tercera versión es la de la Municipalidad que determinó que el pasaje parecía una "puñalada en la manzana" en el mapa. Decidí reivindicar el nombre y darle la vuelta, por eso le puse "La Puñalada".
Acá, en esta casa, vivimos tres generaciones, mis abuelos que vinieron de España e hicieron la casa, mi papá y yo ahora.

¿Cómo funciona la biblioteca actualmente?
Por el momento no está abierta al público de forma regular porque las mujeres que me ayudaban no pudieron seguir más por problemas personales y me volví a quedar sola y la verdad es que es un montón de trabajo y es mi casa. Al principio, la gente me escribía, me pedía libros y yo los dejaba en el kiosco de diarios de Jonte y Cuenca para que los retiraran. Tenía un formulario para registrar los datos. Sin embargo, ahora tengo 3.000 libros y 1.500 sin inventariar, así que no puedo seguir con ese sistema hasta que termine de organizarlos.

Tenés un cartelito en la puerta que dice que no se reciben más enciclopedias, diccionarios y libros de texto, ¿por qué?
El tema es que yo estaba asociada con un grupo de docentes jubiladas que se asociaron a su vez con unos camioneros que van a las provincias donde no solo no tienen computadoras, sino que no llega ni siquiera el internet. Entonces los libros de texto, las enciclopedias, todo eso es oro en polvo. Pero ahora me avisaron que con la cuestión de que la economía está parada los camioneros no están viajando, ¿qué hacemos con los libros? Por eso puse el cartel, pero igual estos tres días me dejaron cualquier cantidad de libros y yo no los voy a tirar, por más que sean enciclopedias, diccionarios, o de texto. Pero tampoco tengo un lugar de almacenamiento tan grande.

¿Qué planes tenés para el futuro de la biblioteca?
Mi idea es hacer talleres a la gorra. Hay mucha gente sola, especialmente de la tercera edad, y creo que es un buen momento para encontrarnos y socializar. Quiero potenciar la identidad del barrio y evitar que se pierda. Para mí es muy importante tener lugares de encuentro, de juegos, de reflexión y de lectura. Como dice León Gieco, todo está guardado en la memoria, el inconsciente es poderoso, hay que apuntar a eso. Los espacios de encuentro son fundamentales para la comunidad.
Yo soy de All Boys y ahora están peleando por el predio Roca para que vaya al club, porque lo que quiere Jorge Macri es hacer de esa manzana terribles edificios, se está peleando por eso, creo que hay que seguir peleando. Hay que pelear por las plazas, un espacio para el encuentro, para que te puedas hablar.
Una vez encontré una carta en la biblioteca al paso, había sido escrita tiempo atrás, se me ocurrió que podría poner un buzón para que la gente escriba y reciba cartas, al estilo del juego “el amigo invisible”.

¿Cómo ha evolucionado el pasaje a lo largo del tiempo?
Yo nací en esta casa hace casi 70 años. Antes, era una calle de tierra con una zanja y una sola lamparita, era la boca del lobo. En los años 60, los vecinos se unieron para asfaltar el pasaje, ya que era una vergüenza tener una calle de tierra. Mis padres y otros vecinos tuvieron que poner dinero para los materiales, ya que la municipalidad solo proporcionaba la mano de obra. También, los vecinos, hicieron el diseño con canteros y escaleras para evitar que los autos pasaran.
Un hombre que vive acá enfrente me dio todos los papeles de esa época, me dijo: "Te lo voy a dejar a vos en herencia", y los tengo guardados, tengo el registro de todo, cómo tramitaron la cloaca, el agua, el gas. Esto era una isla en la ciudad.

¿Qué otras luchas vecinales han tenido en el pasaje?
Nosotros, junto con otros vecinos, logramos sancionar la ley de pasajes en 2018. Incluso puse mi casa como garantía para hacer un juicio a la municipalidad y evitar que construyeran tres torres de 10 pisos con tres subsuelos en el predio donde hoy está la plaza. Estas casas son centenarias, una obra así las hubiera afectado seriamente.
Hicimos una puesta en escena, que se puede ver en Youtube, que tuvo efecto viral en las redes, nos organizamos y nos vestimos todos de luto rodeando un cajón simulando el entierro del pasaje. A la par, nos reuníamos con legisladores, y en 2018 logramos que se apruebe la “Ley de pasajes”, que prohíbe en la Ciudad de Buenos Aires la construcción en altura en manzanas donde hay pasajes. También luchamos por la construcción de la plaza, éramos el único barrio sin plazas.
Me gusta recuperar objetos descartados por otros, restaurarlos y encontrarles nuevos usos. En el pasaje hicimos la compostera comunitaria y una cucha para los gatos callejeros.

¿Cómo se puede ayudar a la biblioteca?
En este momento necesitaríamos voluntarias y voluntarios para clasificar el material, recibir donaciones, administrar los préstamos de libros, porque para mí sola es mucho trabajo. Se pueden comunicar a las redes de la biblioteca.

Biblioteca Popular La Puñalada
Pasaje Granville 2144 (altura Alvarez Jonte al 3200, entre Cuenca y Campana).
Facebook: Biblioteca La Puñalada
Instagram: @biblioteca_la_punalada
bibliotecalapunalada@gmail.com