El fileteado porteño, ese arte ornamental que viste a los colectivos y camiones de Buenos Aires con sus formas sinuosas, flores vibrantes y leyendas cargadas de identidad, es mucho más que una técnica pictórica. Para Marcelo Javier Bronstein, es un viaje de autoconocimiento, una meditación constante y un vehículo para expresar aquello que las palabras a veces no alcanzan. Con una mirada que fusiona su formación en diseño gráfico con la sabiduría heredada de los grandes maestros de la "vieja guardia", Bronstein ha convertido el filete en un lenguaje propio, en el que cada obra es una oportunidad para dialogar con la historia, la sociedad y su propio interior.
¿Cómo fue tu primer acercamiento al fileteado porteño?
De niño me veía atraído por los colores de los colectivos, sus formas y además las banderas, letras y números.
¿Qué te llevó a buscar ese oficio?
Estando en la facultad, en la carrera de diseño gráfico, en la UBA, una compañera me invitó al Jujuy profundo con su madre, una reconocida arqueóloga Alicia Distel, donde comencé a expresarme con la fotografía y en la generación de textos venía desde antes. En Jujuy sentí que volví a nacer. Mi compañera me incitó a que haga algo con las manos para no depender solamente del uso de la computadora, me iba a dar una soltura en la profesión, casualmente estaba en una etapa en que dibujaba espirales y me sentía enroscado en ciertas tristezas buscando qué curso hacer, ví “fileteado porteño” y sin saber su nombre, ya lo conocía.
Justamente me di cuenta que al fileteado no lo enseñaban en historia ni en ninguna otra materia.
¿Qué significó para vos el maestro Ricardo Gómez? ¿Qué enseñanzas te dejó?
La primera vez que fuimos al taller, fuimos con los compañeros del curso que hice con Genovese, ahí Don Ricardo nos dijo “el hombre tiene dos enemigos: el capitalismo y el reloj” y una compañera le preguntó cuánto le había llevado aprender a lo que yo respondí, intuyendo, “siempre se aprende” y Ricardo, con sus ojos llenos de recuerdos, vidriosos en su nostalgia, dijo “todavía estoy aprendiendo”.
Nos transmitió la pasión por el oficio y la vida, a valorar nuestro trabajo y no dejarnos atropellar.
¿Sobre qué soporte te gusta más trabajar? ¿Madera, chapa, vidrio, lienzo?
Cada aspecto que uno encara es gratificante desde el lugar de tomarlo como una búsqueda, un camino a transitar, le encuentro a cada cosa un encanto diferente, por ejemplo el enseñar y transmitir me da satisfacciones de un tipo, hacer un objeto me da otras satisfacciones, un vehículo me transmite la sinergia de hacer en un torbellino, hacer una obra desde mi búsqueda me da otras satisfacciones como investigar sobre el tema, desarrollarlo y finalmente comunicar una idea que además de ser social, estoy sublimando algo interno, curándome con la expresión artística.
Como gusto, es mucho más directo el realizar un vehículo, porque voy y ya comienzo a filetear.
¿Cuál fue el trabajo más difícil que te encargaron? ¿Qué lo hizo complejo?
La primer tabla que hacen mis alumnos, es la misma que hice con Don Gómez como primer trabajo y en ella desarrollan los alumnos el proceso del fileteado en dos flores, quedando plasmado el proceso de todo fileteado en ese primer proyecto. Don Ricardo nos decía que cuando tengamos que hacer un trabajo, por grande o pequeño que sea, nos recomendaba que recurramos a ésa tabla y de esta manera no nos iba a asustar el encargue por grande o pequeño que sea; tomando esta premisa, los trabajos no son difíciles, son solamente más largos en su desarrollo.
¿Y cuál fue el trabajo que más te gustó hacer?
Una vez un cliente me consultó si no me cansaba hacer siempre banderas a lo que le respondí que no, es como una meditación. Por lo tanto todos son de mi gusto porque es una meditación constante que como en la vida uno busca mejorar en cada pincelada.
-Tu serie "La Otra Voz" ¿Cómo fue el proceso de investigación? ¿Cómo se articula con el filete, tan ligado a la identidad porteña?
Esta serie de obras está en constante desarrollo y surgió como una manera de visibilizar la voz de los oprimidos y derrotados que más allá de haber sido derrotados por poderosos, dejaron todo por defenderse y dejar un legado y es también una manera de sublimar mi padecer interno, sacar la voz acallada.
El filete tiene esto, como toda expresión artística, pueden hacer un mismo encargue muchos colegas y cada uno va a hacerlo desde su visión. De este modo, a los alumnos les digo que no somos competencia entre nosotros porque cada uno va a encarar su camino por donde le es familiar o tiene su raigambre, lo va a encarar desde su identidad que es única, por eso los caminos son infinitos y el fileteado es una forma de expresión, un lenguaje.
¿Qué lugar ocupa el filete en el arte argentino actual?
Hay “artistas” que consideran que el filete no es arte y discriminan al fileteador. Hay fileteadores que se desesperan por llamarlo arte.
Yo considero que es arte cuando más allá del oficio, uno quiere transmitir algo que va más allá de ser una especie de máquina que hace líneas sin parar. Cuando uno hace algo que está poniendo de sí una comunicación o quiere transmitir un mensaje, ya está haciendo arte; esto por ejemplo se da cuando un cliente me comunica lo que quiere hacer, yo lo interpreto y el resultado lo ve una persona que ninguno conoce y le gusta, ahí el círculo se cierra y forma parte de la cultura popular (en todas las civilizaciones sucede).
Yo siempre digo que a mi no me importa si es arte u oficio, lo que me importa es si me sirve para expresarme y sacar las penas. Cuando sucede esto, ya no importa si vivo de esto o vivo gracias a esto porque puedo trabajar de otra cosa pero nunca voy a dejarlo porque es una forma de hacer mi camino, meditando en cada pincelada, conversando con Dios.
Don Ricardo decía que uno es fileteador cuando olés el perfume de la flor que estás pintando, oís el relincho del caballo o conversás con la Virgen, porque quiere decir que te metés en la obra.
Participaste en homenajes a pueblos originarios ¿Cómo viviste esas experiencias?
Muchas veces uno hace trabajos sin ánimo de lucro, buscando colaborar con causas que considero oportunas y necesarias, sé que desde su lugar cada uno puede aportar y así como trabajo de esto, cuando yo elijo participar sin más que ser parte, lo hago.
En muchas ocasiones participé en la visibilización de luchas actuales y selladas por el tiempo con mi obra, lo importante es mantenerlas latentes y restaurar el poder de cada uno porque no somos más que seres individuales en una sociedad donde todos nos necesitamos respetándonos mutuamente.
¿Tenés algún proyecto en marcha?
“La Otra Voz” es una serie de obras que voy ampliando desde hace años así como “Collages y Misterio” donde exploro desde collages con textos y fotografías propios una visión más existencialista y “El Arte de Viajar” conjugo en collages con textos, fotografías y fileteados los distintos puntos de vista del viajar cotidiano en transporte de pasajeros en ambientes citadinos y campestres.
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