El miércoles 18 se septiembre se lanzó la primer jornada de “Septiembre: Mes de la Educación Pública” en la Comuna 15. La misma se desarrolló en la Escuela N° 1 DE 7 “Tomasa de la Quintana de Escalada” (Av. Corrientes 5332) con una charla-debate a cargo del especialista en educación Pablo Pineau quien desarrolló desde Mafalda, un clásico de la literatura argentina, la charla “Otra vez sopa… infancia y escuela en Mafalda, historia reciente y presente educativo”.
Es el segundo año de “Septiembre: Mes de la Educación Pública” y se realiza con el objetivo de poner en el centro a la escuela; revalorizarla, reconocerla y potenciarla. Este 2013 se trabajará con 4 ejes: 1) Educación como orden de sujeto de derecho; 2) Educación sexual, como tratar los nuevos contenidos; 3) Educación Media y sus reformas; 4) Relación entre padres y escuela. Luis Cúneo, miembro de la Junta Comunal 15, es el responsable de llevar adelante el proyecto.
Pineau expuso ante un numeroso público, compuesto en su mayoría por directoras, docentes de escuelas y miembros de la Comisión de Educación del Consejo Consultivo de la Comuna 15, un recorrido de las distintas infancias que encarnan los personajes de la historieta de Quino, así como sus diferentes formas de habitar la escuela.
A lo largo de su exposición fue emergiendo una imagen calidoscópica de las infancias y la escuela pública que transitaron gran parte de los niños de clase media urbana en los años ‘60 y primeros ‘70, articulada a un relato que puso de manifiesto las profundas decisiones que comenzaba a atravesar la sociedad argentina de la época; en sus vinculaciones con los cambios que experimentaba el país y el mundo.
Mafalda: mezcla el mundo adulto con el infantil, nunca le perdona su rol de mujer en la casa a su madre, impugnando algo característico de los ’60. La plaza es el lugar de encuentro, dándole importancia al espacio público. En relación con la escuela Mafalda al principio está desesperada por ir pero se desilusiona; ella quería hablar del mundo, quería aprender cosas importantes. Mafalda representa a la mujer moderna del siglo XX.
Susanita: en cambio representa a la mujer del siglo XIX, la meta más codiciada para cuando sea grande es tener un marido, estar posicionada muy bien en la sociedad, ser madre y tener muchos hijitos. La escuela para Susanita es la que mejor se acomoda aunque en parte tampoco le sirve, según ella es demasiado lo que se aprende para lo que necesita.
Manolito: está al borde de la inclusión social, no fue al jardín, tiene que trabajar y hacerse cargo para que sus derechos sean efectivos. Va a la misma escuela y le pasa que quiere aprender pero es bruto, no puede aprender biológicamente por eso no aprende, no porque no tenga posibilidades.
Felipe: Para él ir a la escuela es como estar en un campo de concentración, es buen alumno pero le resulta tremendo; la imaginación es lo que lo hace soportar la escuela, no se puede revelar.
Miguelito: es la llegada de los ‘60 como personaje característico de la época, está el psicoanálisis, no es ingenuo, elabora hipótesis y es egocéntrico. Como alumno tiene el síndrome Peter Pan, el derecho para él es jugar, se burla desde la ingenuidad.
Libertad: Proviene de una familia moderna, representa la llegada de los ‘70. Es con la única que Mafalda habla de política; quiere ver la revolución, un nuevo mundo. No le reconoce ninguna autoridad a la escuela, el mundo pasa en la calle, la impugna totalmente.
Guille: Para él el adulto es un estorbo, molesta; hace pensar en los ‘80, representa el under. La escuela es un problema, sería un alumno que se llevaría todas las materias y las daría en marzo, trataría de zafar.
Como análisis de cierre, Pineau se detuvo en el carácter premonitorio de la que fuera la última tira de Mafalda publicada en 1973: “En ella, compuesta por un solo cuadro, se ve a Mafalda y a Susanita soñando el mismo sueño: un mundo lleno de gente con pancartas. Y mientras Mafalda sonríe, su amiga le dice ‘¡Tarada! Tenés pesadillas y encima te reís?’. Sólo tres años más tarde, en 1976, esa pesadilla anticipatoria se volvería realidad.
Antes de finalizar la exposición Pineau trabajó en una hipótesis sobre los destinos posibles de los distintos personajes de la historieta y las marcas de la escuela en sus experiencias adultas; este trabajo lo realizó en la década del 90 pero no estático, se va modificando y actualizando constantemente.
“Mafalda que le pedía a la escuela que le enseñara cosas importantes y escribía canciones de protesta llamadas ‘los buenos empezamos a cansarnos’ terminó sus días desaparecida, arrojada viva desde un avión al Río de la Plata.”
Análisis de cómo reaccionaron los distintos personajes al enterarse de esa noticia. Qué hizo Libertad, qué pensó Miguelito? Es probable que Susanita haya justificado el hecho con frases como "Por algo será", "En algo andaría", o "Siempre tuvo ideas raras". Hoy casi nunca se refiere o piensa en eso. Casada de apuro, no fue feliz en su matrimonio y tampoco logró que ninguno de sus tres hijos llegara a médico, aunque los mandó a una escuela privada.
Felipe y Miguelito negaron la desaparición. Dijeron "No puede ser", "Ya va a aparecer", o "Eso en este país no pasa"; hasta que la fuerza de los hechos los llevó tardíamente a aceptarlos. Hoy, Felipe es un ingeniero con buena posición y una úlcera incipiente, y figuró en la lista de reservistas no convocados en la Guerra de Malvinas. Miguelito es un comerciante simpático que ya va por su tercer matrimonio. Cada vez que se encuentran de casualidad no nombran a la amiga perdida, pero se mueren de ganas de hacerlo.
Manolito fluctúa entre esas dos posiciones. Ya de adulto se dedicó a las finanzas y hace unos años se radicó en Miami, donde vive con su secretaria cubana veinte años más joven. Por las dudas obtuvo la nacionalidad europea. El almacén de su padre quebró por no poder competir contra los supermercados de capitales internacionales. El local es hoy un supermercado chino.
Libertad se exilió. Hoy sufre el continuo ir y venir de México o Barcelona sin lograr estar cómoda en ningún lado, con un hijo que se quedó allá y otro que volvió con ella. Si hubiera tenido una nena le habría puesto el nombre de su compañera de plaza.
Raquel, la madre de Mafalda, recordó que ella nunca le había perdonado haber abandonado los estudios, decidió que era momento de recuperar esa energía, se puso un pañuelo blanco en la cabeza, y salió a la Plaza a exigir que le dijeran adónde se habían llevado a su hija. Hoy está pasando su vejez como nunca lo hubiera creído. Como tantas otras, fue catapultada del tedio y la seguridad de su cocina a enfrentar al monstruo más terrible que pisó esta tierra. Sigue usando el mismo marco de anteojos de entonces.
El padre de Mafalda, "uno rubio, gordito", murió de un accidente cardiovascular en los primeros años de la recuperación democrática. Debe decirse que nunca logró dejar de fumar, y que había empezado a tomar a escondidas.
Guille estudió diseño gráfico y toca en una bandita de rock. Fue padre muy joven. Concurre a los Escraches, y se acuerda todos los días de su hermana porque nunca pudo llenar "ese agujerito que siente adentro cuando no está". Por eso, cuando alguien intenta explicarle algo al respecto, sanamente lo insulta de arriba a abajo.
En la escuela pública de la década de los sesenta Mafalda aprendió a desaparecer, Libertad a exiliarse, Susanita a decir "Por algo será", y Felipe a no ver. No fue un espacio inocente y preservado como muchas veces quiere presentarse, sino un lugar donde se fraguaron parte de los destinos de quienes la habitaban. En algún registro de todos los que produjo la escuela se fueron inscribiendo las marcas sobre las que se construyeron las experiencias adultas. La adhesión a máximas como "Liberación o dependencia", "Los argentinos somos derechos y humanos" o "Con la democracia se come, se cura y se educa" se fueron disfrazando, no en forma exclusiva pero tampoco en forma desdeñable, en aquellas vidas infantiles atravesadas por la impronta escolar.
Luego el expositor respondió a las preguntas de un atento y emocionado público, invitando a la charla y el debate entre los presentes.